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Revisionismo pulp

A finales de 2009, en los despachos de DC Comics se consensuó la decisión de crear una nueva línea editorial, dejando en manos del afamado guionista Brian Azzarello la definición y el desarrollo de una ambiciosa propuesta: el establecimiento de un universo diferenciado e independiente –aunque en determinados aspectos reminiscente– del Universo DC tradicional. Un mundo alternativo en el que tuvieran cabida personajes con determinados rasgos en común, siendo el más evidente hacer honor a su condición de “héroes”, pese a estar desprovistos de poderes. Pero por encima de todo, el proyecto giró en torno a la voluntad de recuperar la esencia de las historias de aventuras propias de las revistas pulp, que durante la primera mitad del siglo XX gozaron de un gran protagonismo en la cultura popular norteamericana; unas publicaciones que, además, resultaron clave en el nacimiento y la evolución del género superheroico.

Sin perder de vista esta idea, guionista, dibujantes y editores se pusieron manos a la obra, decididos a sacar el mayor partido a un personaje abanderado de la tradición que se pretendía recuperar, cuyos derechos lograron adquirir tras un largo proceso. Nos referimos a Doc Savage, creado en 1933 por Henry W. Ralston y John L. Nanovic con la intención de rentabilizar el éxito de The Shadow, cuyas andanzas también se publicaban por la editorial en la que ambos trabajaban: Street and Smith Publications. Pero el principal encargado de desarrollar las aventuras de este héroe fue Lester Dent, novelista que bajo el seudónimo de Kenneth Robeson escribió buena parte de las 181 novelas protagonizadas por el intrépido aventurero, cuya popularidad terminaría propiciando adaptaciones en forma de seriales radiofónicos, películas e historietas. En lo que a su biografía ficcional se refiere, Doc Savage es el apodo de Clark Savage Jr., cuyos méritos y habilidades harían palidecer al más virtuoso de los hombres del Renacimiento: físico, cirujano, inventor, explorador, artista marcial y maestro del disfraz, fue entrenado por un grupo de científicos reclutados por su padre para que alcanzase semejante grado de perfección física e intelectual. También conocido como el Hombre de Bronce, reside en la planta 86 de un rascacielos neoyorquino que sirve de base de operaciones al grupo de aventureros que lidera, integrado por Renny, Long Tom, Johnny, Monk y Ham; y dispone de un refugio en el Ártico cuya denominación resultará familiar a los aficionados al mundo del cómic: la Fortaleza de la Soledad. El lugar idóneo para reponer fuerzas tras afrontar todo tipo de amenazas y frustrar los planes de los más pintorescos enemigos.

A Doc Savage le acompaña un icono del noveno arte como The Spirit, creado por el mítico Will Eisner. Fue en 1940 cuando se comenzaron a publicar las aventuras del enmascarado, formando parte de un suplemento dominical ofertado por la agencia Register and Tribune Syndicate. A partir de ese momento, Eisner y sus colaboradores aprovecharon dichas páginas para servir a los lectores una ración semanal de misterio, acción, aventuras, terror y romance –mezcla de influencias pulp y noir–, aprovechada para dar rienda suelta a las ocurrencias narrativas y compositivas de su creador. Durante estos primeros años, la actividad en el estudio de Eisner fue frenética, compatibilizando las historias dominicales con tiras de prensa diarias; y aunque con el tiempo el ritmo decayó, la presencia del personaje en el mercado ha sido casi constante, gracias a continuas reediciones ofertadas por diferentes editoriales, a la adaptación cinematográfica dirigida por Frank Miller (2008) y a las nuevas aventuras publicadas por DC Comics con el consentimiento de Eisner. Un proyecto en el que se han involucrado historietistas como Jeph Loeb, Darwyn Cooke, Sergio Aragonés, Mark Evanier, Mike Ploog o Paul Smith, con vistas a crear más historias protagonizadas por Denny Colt: identidad civil de The Spirit, quien tras caer en animación suspendida como consecuencia de un experimento del Dr. Cobra, utiliza el anonimato que le confiere su falsa muerte para luchar contra el crimen de Central City. Desde su base, ubicada en el cementerio Wildwood, cuenta con la colaboración de Ebony White, el comisario Dolan y su novia Ellen, no solo en sus enfrentamientos contra malhechores como Octopus, sino también cuando se trata de salir airoso del encuentro con auténticas femmes fatales como P’Gell o Satin.

A esta carismática dupla se le suma un tercer peso pesado, convertido en todo un referente de la cultura popular: Batman. Aunque el origen y las vicisitudes de Bruce Wayne son sobradamente conocidas, no está de más señalar que en la génesis de este personaje jugó un papel determinante la tradición pulp a la que hemos aludido con anterioridad; concretamente, el influjo de un personaje como The Shadow que, sumado a influencias tan variadas como las películas de El Zorro, los inventos de Leonardo da Vinci y unas pinceladas del propio Doc Savage, contribuyeron a que Bob Kane y Bill Finger definieran muchos de los rasgos que todavía permanecen inmutables. Pero lo que ha cambiado con el paso del tiempo es la opinión del Hombre Murciélago respecto al uso de armas de fuego: aunque en la actualidad está más que demostrada su aversión a las pistolas, lo cierto es que durante sus primeras apariciones no dudó en recurrir a las mismas. Un detalle que acertadamente traen a colación Brian Azzarello y Rags Morales, acercando esta versión del Cruzado de la Capa a sus raíces en un intento por diferenciarlo de su caracterización más tradicional.

Así, Doc Savage, The Spirit y Batman se convierten en los tres pilares sobre los que se cimenta este mundo cronológicamente indeterminado que, según el guionista, “mezcla elementos de diseño fascinantes procedentes de diferentes épocas del siglo XX para crear un ambiente en el que ubicar a personajes con los que estamos familiarizados”. Un universo de posibilidades ilimitadas al que acceder a través de First Wave, nombre que recibe no solo esta nueva línea, sino también la serie limitada recopilada en el presente volumen, homenaje, revisión y reivindicación del potencial de la tradición pulp.


David Fernández