Eccediciones
searchclose

La misteriosa encapuchada

 Vamos a remontarnos al cuarto y último número de Flashpoint, la saga que sirvió como puente entre el antiguo Universo DC y el actual. En él, justo cuando Barry Allen corría para restaurar la historia aun a costa de perder a su madre, aparecía el rostro de una señorita cubierta por una capucha roja que pronunciaba un discurso críptico e inquietante. Básicamente, decía que la historia de los héroes se había dividido en tres para que el mundo fuera más débil de cara al advenimiento de una amenaza no desvelada. Pero a partir de entonces, todos deberían luchar juntos, con lo cual las diferentes cronologías tenían que unirse una vez más. Se trataba, por supuesto, del Universo DC tradicional, del sello WildStorm y de los personajes de Vertigo que son propiedad de la editorial (la Cosa del Pantano y John Constantine, por ejemplo).

Una vez formada la nueva línea temporal, que no es otra que este Nuevo Universo DC que disfrutamos desde hace seis meses, la encapuchada apareció, aquella vez de cuerpo entero, en los primeros episodios de todas las series de la casa. Así, en Liga de la Justicia núm. 1, la veíamos en las gradas durante el partido de fútbol americano con que Victor Stone intentaba deslumbrar a los cazatalentos de las universidades. Iba vestida de rojo por completo, con un diseño de Jim Lee, y no decía absolutamente nada. Su presencia despertó todo tipo de rumores a lo largo y ancho de internet por su parecido con Zealot, personaje de los WildC.A.T.S. creados por el propio Lee, y porque su participación en el albor de la nueva continuidad que parecía supervisar indicaba la posibilidad de una “puerta trasera” que DC Entertainment se habría procurado por si la cosa salía mal.

Desde entonces, la fémina en cuestión no ha vuelto a dejarse ver, pero ha llegado el momento de saber más sobre ella en este mismo cuaderno, gracias a la historia de complemento escrita por Geoff Johns y dibujada por Carlos D’Anda (Batman: Arkham City) que se titula Pandora. Ese es, precisamente, el nombre de la encapuchada, que parece tener muchos secretos que, a medio plazo, podrían poner patas arriba la vida de nuestros héroes. Pero para conocer su origen y qué ha estado haciendo desde que nació el nUDC, habrá que esperar un poco más. Del mismo modo, también habrá que tener paciencia para saber cuál es la relación exacta que mantiene con ese hombre no menos intrigante con el que comparte protagonismo: el Fantasma Errante.

Este personaje, todo un clásico por derecho propio, aún no había hecho acto de presencia en la actual continuidad; sin embargo, era imposible que un “héroe” con tanta solera y posibilidades se quedara demasiado tiempo guardado en un cajón. Su existencia editorial se remonta a la época de vacas flacas del género de superhéroes, unos años en los que DC tuvo que experimentar con otros géneros mientras los justicieros languidecían a la espera de una renovación. Debutó en Phantom Stranger núm. 1 en 1952 de la mano de John Broome y el mismísimo Carmine Infantino, y encajaba a la perfección en la moda de terror y misterio que había propiciado la editorial EC. Pero tanto a esta como a los personajes místicos de DC les esperaban pocas alegrías, ya que la creación del CCA (Comics Code Authority) supuso todo un mazazo para las historietas que hablaban de vampiros, hombres lobo, demonios, maldad sobrenatural en general y demás elementos considerados perjudiciales para las frágiles mentes de los niños estadounidenses.

Pero el concepto del Fantasma Errante, como tantos otros, solo quedó aparcado hasta que las aguas empezaron a volver a su cauce. A finales de los años 60, Marvel y DC ya se cuestionaban tímidamente la necesidad del CCA al ver que otras editoriales, sobre todo Warren Publishing, se lo saltaban a la torera utilizando trucos como llamar revistas a sus cómics para no tener que someterse a la censura. Fue así como el Fantasma reapareció en 1968, primero en la antología Showcase y, más adelante, en su segunda colección regular. Las reediciones del material original pronto dieron paso a nuevas historias en las que participaron creadores hoy tan famosos como Len Wein, Neal Adams o Jim Aparo, y su principal atractivo era la ambigüedad del protagonista. ¿Era un brujo de verdad o un farsante? A esta eterna duda, contribuía el Dr. Trece, un investigador especialista en destapar fraudes paranormales que, de una forma u otra, siempre terminaba metido en las historias.

El misterio sobre la naturaleza del Fantasma Errante se extendía a su identidad secreta y a su origen, datos que no se desvelaron ni siquiera cuando quedó claro que sí poseía poderes mágicos. De hecho, cuando la editorial se lanzó a la piscina en Secret Origins núm. 10 (1987), no renunció a la especulación y ofreció cuatro posibles procedencias que levantaban aún más dudas y que, para añadirles el mayor valor posible, contaban con la participación de autores de renombre como José Luis García López, Paul Levitz, Mike W. Barr o Alan Moore. Eso sí, había cierto consenso sobre un posible origen bíblico del personaje, algo a lo que ya había contribuido el propio Moore en La Cosa del Pantano durante la apoteósica conclusión de la saga Gótico americano.

Lo que sí está claro es que, a pesar de intentos más que loables, las series del Fantasma Errante nunca han cuajado entre los lectores. Su papel tradicional ha sido el de secundario que aparece siempre que algún superhéroe de la casa necesita consejo paranormal o espiritual. Buen ejemplo de ello es Batman, que se topó con el místico en el célebre Detective Comics núm. 500, donde Alan Brennert y Dick Giordano narraron Matar a una leyenda, una de las historias más emotivas y recordadas del Caballero Oscuro. Pero ese rol de eterno segundón está a punto de cambiar, ya que se ha anunciado que pronto volverá a tener serie propia en Estados Unidos. Y lo que también cambiará será el misterio que rodea a su origen, que pronto conoceremos y que, a buen seguro, sorprenderá a muchos y no dejará indiferente a nadie... como el de Pandora.

Fran San Rafael